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Autor de libro sobre partido Chile-URSS en Estadio Nacional en 1973 en dictadura: “La FIFA miró para el lado”

“Lejos de pretender la ‘objetividad’, podría decirse que la subjetividad es piedra angular de lo que hacemos, en cada dibujo se encuentran interpretaciones, donde la toma de decisiones estéticas es parte esencial del discurso”

Uno de los autores señala que la dictadura del general Augusto Pinochet, como tantos otros gobiernos, sacó provecho del fútbol para distraer la atención de la población y pretender dar una señal de cohesión o “unidad nacional”. La “Roja” se presentó el 21 de noviembre en el Coloso de Ñuñoa, aún usado como centro de prisioneros, en un campo vacío, y marcó un gol sin equipo rival, luego que la Unión Soviética se negara a jugar en Santiago tras el derrocamiento del gobierno constitucional del presidente Salvador Allende. “Para los jugadores no tuvo que haber sido nada fácil presentarse al partido de vuelta en el Estadio Nacional (21 de noviembre de 1973), sabiendo todo lo que había pasado ahí, y tener que prestarse para un bochornoso gol simbólico”, comenta Álvaro Soffia. Compartir Twittear Compartir Imprimir Enviar por mail Rectificar

Una novela gráfica sobre el partido que jugó Chile en el Estadio Nacional en un campo vacío, poco después del golpe militar de 1973, por las clasificatorias del Mundial de Alemania del año siguiente, han publicado el historiador Álvaro Soffia y el arquitecto e ilustrador Rodolfo Aedo.

Se trata de “Silencio en el Estadio” (Planeta), que recorre las vicisitudes del encuentro que debió disputar la selección nacional frente a la Unión Soviética, primero en Moscú y luego en Santiago, además de contar con entrevistas a Carlos Caszely, Elías Figueroa y Leonardo Véliz.

El partido en la capital rusa terminó 0-0, mientras la revancha no se pudo concretar. Los soviéticos se negaron a jugar en Santiago tras el derrocamiento del gobierno constitucional del presidente Salvador Allende. En ese marco, la “Roja” se presentó en un Coloso de Ñuñoa vacío, y marcó un gol simbólico en un lugar convertido en campo de prisioneros políticos.

Origen Soffia cuenta que el origen de la obra se encuentra en la investigación que realizaba para otro proyecto que se ambientaba en ese mismo momento histórico, y entre toda la información que fue revisando, le pareció heroico y absurdo que la selección masculina de fútbol tuviera que viajar a Moscú en ese contexto, a pocos días del Golpe, en plena Guerra Fría, con fundado temor de dejar a sus familias solas, ya que algunos se habían abanderado con el gobierno de Allende.

“Eso despertó mi curiosidad futbolera y ahí empecé a indagar más, pero no encontré registros audiovisuales de ese partido. Descubrí que el partido jugado en Moscú no se retransmitió ni por radio ni menos por televisión y apenas pude hallar un puñado de fotos que circulan en internet. En parte eso me motivó a recrear esos hechos, tanto para saber más de lo que pasó como, sobre todo, para dar a conocer estos hechos poco conocidos a un público más amplio y contribuir desde la memoria histórica a que no se repitan los horrores el pasado”.

Para las ilustraciones, el historiador contó con el arte de Rodolfo Aedo, “basados en un guion técnico”.

“Periódicamente tuvimos conversaciones largas sobre el espíritu de la obra, tomando decisiones de atmósfera, del sentido de las secuencias, del ánimo de los trozos narrativos, después de todo tuvimos buena comunicación, así que tampoco fue mayor problema”, relata Aedo.

“Desde el dibujo, puedo reconocer desafíos técnicos, la reproducción de elementos de época, la dificultad de lograr naturalidad en las secuencias de acción deportiva, cosas de la muñeca que uno siempre va a sentir que no domina bien”.

Soffia complementa que, además de la revisión bibliográfica y consulta de prensa de la época en la Biblioteca Nacional, tuvo que buscar muchas referencias visuales para completar los vacíos que quedaban en los datos históricos de una manera plausible pero narrativamente interesante.

“Lejos de pretender la ‘objetividad’, podría decirse que la subjetividad es piedra angular de lo que hacemos, en cada dibujo se encuentran interpretaciones, donde la toma de decisiones estéticas es parte esencial del discurso”.

Temor Soffia recuerda que la selección tenía planificado su viaje para el martes 11 de septiembre de 1973 a las 18:00 horas. Esa mañana algunos jugadores se presentaron en Juan Pinto Durán para concentrarse y los mandaron de vuelta para la casa.

“Desde ese minuto vivieron una gran incertidumbre sobre lo que estaba pasando en el país y la duda respecto a si el viaje se iba a concretar o no. Pese a todo el contexto adverso, no hay que olvidar que los jugadores tenían el legítimo deseo, como deportistas, de clasificar al Mundial y de paso dar una alegría al pueblo”.

Agrega que los dirigentes tuvieron que negociar con los militares para que los dejaran viajar, porque temían que parte de la delegación pidiera asilo y no volviera. Finalmente logran salir en uno de los primeros vuelos que cruzó la cordillera una semana después del Golpe.

“Cuando regresan en octubre se encuentran con un país muy cambiado, poco a poco conocen más detalle de todas las cosas que estaban pasando. Pensemos que no había tantas comunicaciones como ahora, los teléfonos podían estar intervenidos”.

En las páginas quedan bien reflejados esos episodios de angustia, “hay viñetas que se centran concretamente en la exploración o pronósticos que estaban haciendo con dificultad los jugadores, una cuestión que uno puede proyectar sobre toda la sociedad de la época. Y durante el mismo viaje también, esa impotencia por no tener claridad de lo que pasaba y ya en la secuencia del regreso se empieza a cruzar la información. El lector puede ver como se teje la crudeza de esos días con el temor de los jugadores”, señala Aedo.

Uso político Soffia además señala que la dictadura cívico-militar chilena, como tantos otros gobiernos, sacó provecho del fútbol para distraer la atención de la población y pretender dar una señal de cohesión o “unidad nacional”.

“Presentaron el empate en Moscú como un triunfo y se subieron al carro de un plantel exitoso, que venía de la recordada campaña de Colo-Colo en la Copa Libertadores. No dudaron en ir a recibir a los jugadores al aeropuerto (2 de octubre de 1973) e invitarlos a una recepción con la Junta al día siguiente, ampliamente difundida por la prensa”.

Añade que hay que tener presente el contexto de la Guerra Fría y que recientemente la URSS había roto las relaciones diplomáticas con Chile, por lo que el mensaje beligerante con los “rusos” también contenía una declaración de intenciones. En el libro hay una selección de prensa de la época que da cuenta de esto.

Actuación de la FIFA En cuanto a la actuación de la FIFA, tomando en cuenta el contexto, para Soffia “a FIFA miró para el lado y allanó la clasificación de Chile“.

“Después del partido de Moscú (26 de septiembre de 1973) la Unión Soviética pidió jugar el partido de vuelta en cancha neutral, argumentando las violaciones a los derechos humanos que estaban ocurriendo en Chile“, recuerda.

“La FIFA envió dos veedores, un brasilero y un suizo, a inspeccionar el Estadio Nacional a comienzos de noviembre, cuando todavía había miles de personas detenidas, aunque los militares a cargo les mostraron solo lo que querían o les convenía -visitaron la cancha y el palco, donde ese día estaban haciendo arreglos, pintando- y los deben haber atendido muy bien, pues determinaron que no había impedimentos para realizar el cotejo”.

Al día siguiente, el diario “El Mercurio” tituló que “La FIFA informó al mundo que la vida en Chile es normal”.

Enseñanza Soffia reconoce que para la obra se apoyaron mucho en el libro “El partido de los valientes” de Axel Pickett (Editorial Cinco Ases), que reúne muchos testimonios de jugadores, dirigentes y protagonistas de esta historia, que fueron una fuente clave para el trabajo de recrear los hechos y reflejar lo que significó para esa delegación enfrentar estos compromisos.

“Diría que en ellos se mezclaba el genuino anhelo de clasificar al Mundial, el sueño de cualquier deportista, con el deseo de darle una alegría al país, en ese contexto tan adverso. De todos modos, para los jugadores no tuvo que haber sido nada fácil presentarse al partido de vuelta en el Estadio Nacional (21 de noviembre de 1973), sabiendo todo lo que había pasado ahí, y tener que prestarse para un bochornoso gol simbólico”.

En cuanto a la enseñanza que deja este episodio, ambos apuntan a la necesidad de conocer el pasado para entender mejor el país que habitan hoy en día y proyectarse al futuro. En ese sentido, a su juicio, este libro puede aportar al diálogo intergeneracional.

“Para los que ya conocían esta historia, porque la vivieron, permite reflexionar sobre lo que pasó en nuestro país desde un ángulo distinto. Para quienes no conocían esta historia, por ejemplo los más jóvenes, que vivieron el ciclo exitoso de la Generación Dorada desde que tuvieron uso de razón, les permite valorar lo logrado por el plantel de esa Selección y a la vez formarse una opinión sobre los hechos de una forma atractiva y dinámica. Además, podría incorporarse a los programas educacionales y principalmente en la formación de las Fuerzas Armadas”, concluyen.

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