Política

EL DEMOCIDIO VENEZOLANO por Lenin Eduardo Guerra

Joaquin Leal Jiménez
Países Bajos: protesta por primera noche de toque de queda genera disturbios

Sin el ánimo de pecar de Perogrullo (para quien “toda mano cerrada es un puño”) al decir estas verdades evidentes e inocultables, siempre hay que revelar la criminalidad del narco-régimen. Cuando se habla de “cohabitación”, de “sumar y no dividir”, de “elecciones con todos los factores políticos, incluyendo el gobierno”, y tantas frases de esa calaña, no debemos olvidar que se trata de un gobierno democida. Llamémoslo por su verdadero nombre. Son asesinos. Así, a secas. Asesinos. Asesinos de venezolanos. Asesinos de pueblos. Asesinos de familias. Asesinos de jóvenes, de niños, de ancianos, de mujeres. Asesinos de vidas y asesinos de sueños. Democidas

Poco conocido en las escuelas de ciencia política latinoamericanas, el politólogo Rudolph Rommel dejó una obra digna de atención en nuestros días. Profesor de la Universidad de Yale, dedicó su vida a investigar los crímenes de los regímenes y partidos comunistas en el mundo. Rommel analizó evidencia forense que involucra tanto a gobiernos legales, tales como China, Cuba, Corea del Norte, la antigua Yugoslavia y la extinta Unión Soviética; así como diversas guerrillas comunistas, como las de Yemen, Etiopía o Laos. Su estudio abarcó prácticamente todo el siglo XX, desde 1900 hasta 1997, y más de medio centenar de países. Sus conclusiones fueron asombrosas. Con las pruebas examinadas, considera que los regímenes comunistas, las guerrillas comunistas y diversas células de filiación comunistas son responsables de la muerte de entre 100 millones y 250 millones de personas en el siglo XX. Tales resultados están reflejados en sus múltiples libros, destacando Death by Government (1994) y Statistics of Democide (1997).

Es en estos últimos libros en donde Rommel acuña el término democidio , definiéndolo como el asesinato de cualquier persona o pueblo, realizado por un gobierno o fuerza que tiene pretensiones de serlo, resultado de la violencia directa o de negligencia grave. El democidio subsume al genocidio, al asesinato en masa y a las masacres. Ninguno de esos crímenes hubiera podido suceder sin la colaboración, complacencia y/o beneplácito de la policía, los tribunales, los militares, las fuerzas paramilitares (oficiales o no) y los medios de comunicación afectos al régimen. El democidio incluye formas de represión como las ejecuciones extrajudiciales, la negación de alimentos y medicinas, la desaparición forzada de personas, y la muerte por torturas o trato inhumano y degradante. En general, el democidio es cualquier muerte o causa de muerte ocasionada intencionalmente por el gobierno, o por la acción de entes no-gubernamentales pero apoyada, aceptada o financiada por el gobierno.

Ciertamente el régimen de Nicolás Maduro califica como democida. La evidencia acumulada estos años es extensa e inocultable. Los asesinatos extrajudiciales de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) de la Policía Nacional Bolivariana; la negación selectiva de alimentos y medicinas a la población civil por razones partidistas; los encarcelamientos y torturas de miles de activistas, dirigentes y líderes políticos; la persecución judicial de cualquier forma de disidencia; el éxodo masivo de millones de venezolanos fuera del país. Todo ello constituye el legado de crimen y odio que este régimen ha venido acumulado por dos décadas.

Sin el ánimo de pecar de Perogrullo (para quien “toda mano cerrada es un puño”) al decir estas verdades evidentes e inocultables, siempre hay que revelar la criminalidad del narco-régimen. Cuando se habla de “cohabitación”, de “sumar y no dividir”, de “elecciones con todos los factores políticos, incluyendo el gobierno”, y tantas frases de esa calaña, no debemos olvidar que se trata de un gobierno democida. Llamémoslo por su verdadero nombre. Son asesinos. Así, a secas. Asesinos. Asesinos de venezolanos. Asesinos de pueblos. Asesinos de familias. Asesinos de jóvenes, de niños, de ancianos, de mujeres. Asesinos de vidas y asesinos de sueños. Democidas.

  Y ahora me pregunto, ¿con esos asesinos vamos a dialogar?, ¿con esos asesinos vamos a compartir gobierno?, ¿esos asesinos van a seguir impunes con sus manos ensangrentadas y su dinero mal habido?

¿Qué le diremos a tantas madres que perdieron a sus hijos, asesinados cobardemente por las FAES? ¿O quienes perdieron un familiar porque no les prestaron la atención médica debida? ¿O a los que murieron torturados en las mazmorras del régimen? ¿O a los millones de venezolanos de la diáspora? Discúlpenme los “dialogantes” por no tener estómago para tratar con estos asesinos. La honra de Venezuela no me alcanza para entenderlos.

Cualquier llamado a tratar con asesinos debe movilizar la indignación y repudio de los venezolanos. Y es que, al hacer tratos con asesinos, forzosamente nos convertimos en cómplices de ellos. No permitamos que nuestras manos se manchen de la sangre de miles de inocentes. No dejemos que unos políticos prostituidos con dinero criminal nos contaminen con su vileza. Nuestros muertos merecen respeto. Nosotros los vivos merecemos libertad.