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Massa seguirá la estrategia elaborada por Batakis (y antes por Guzmán) con el FMI

Alberto Ardila Olivares
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Tiempos Batakis le transmitió a la gente de Massa, que pese al crecimiento, la proyección para 2022 aún mantiene el equilibrio con la pauta de un déficit primario final de 2,5% sobre el PBI, según lo pactado con el FMI; y que no debería haber alarmas en la relación con el organismo. Será uno de los temas en los que el ministro deberá tomar control rápidamente. No tendrá tanto tiempo de tregua. Tal como informó el este diario, el FMI le dará una tregua a Massa y su gente para que se acomoden en el cargo y diseñen la estrategia de números y porcentajes a presentar cuando llegue el momento de cruzarse con los técnicos del organismo financiero internacional. El tiempo corre. Saben las dos partes que antes que termine septiembre, deberá haber una resolución en Washington sobre el cumplimiento (o no) de las metas del primer semestre del año. Antes habrá una nueva y, como siempre, molesta misión del organismo para verificar las cuentas fiscales, monetarias y macroeconómicas del país. Y antes de esto Massa se encontrará cara a cara en Washington con los fiscalizadores del Fondo

Así había quedado determinado entre Guzmán y Alberto Fernández primero y entre el ex ministro y su sucesora Silvina Batakis, durante la crisis surgida por la eyección del primero y la llegada de esta última, en aquel fin de semana de seria crisis para la coalición gobernante. En el casi único capítulo que las partes pudieron discutir por separado, se acordó que el Facilidades Extendidas con el FMI continuaría vigente, y que la estrategia de Guzmán para el primer semestre del año sería defendida. Batakis lo aceptó. Y ahora también lo avala Massa. En principio, el ahora ministro no tendrá ni que preocuparse ni dar explicaciones a los interlocutores de Washington sobre las crónicas crisis políticas internas entre las personalidades más importantes de la coalición gobernante. Fue el propio Alberto Fernández el que en comunicación con Kristalina Georgieva en tres momentos diferentes durante la crisis reciente, le dejó en claro a la conducción del FMI que las cuestiones políticas internas son responsabilidad y soberanía del gobierno argentino y no incumbencia del organismo y su conducción. Lo que de todas maneras no implica que lo firmado no deba ser respetado. Massa, en su mensaje del miércoles, dejó la posición en claro al afirmar que el déficit fiscal primario del 2,5% del PBI es una meta vigente y el faro fiscal a respetar en el 2022.

Informate más Provincias: alerta por letra chica de ajuste y blindaje a continuidad de las obras públicas Infraestructura Metas y críticas El funcionario, siguiendo la tesis Guzmán y Batakis, considera que las metas del tercer trimestre se cumplieron. Con cierta contabilidad y movimientos cambiarios alternativos, pero de manera efectiva. Batakis le transmitió al ahora funcionario del Ejecutivo algo que a la ex ministra ya le había advertido Guzmán: que habrá que soportar las críticas trasladadas por el director gerente para el Hemisferio Occidental, Ilan Goldfajn. Batakis, que se encontró hace una semana con el brasileño- israelí en Washington y conoció cara a cara su dureza, le recomendó a Massa concentrase en aggionar las metas y objetivos para la próxima misión del organismo, la que, si las cosas salen como se espera en Buenos aires, se concretaría a fines de agosto. El Gobierno confía en la promesa que desde Washington se le hizo al país: que cualquier alteración de las metas y objetivos por los incumplimientos criollos se resolverá a año completo. Dicho de otra manera, si el acuerdo se incumple, será evaluado por el organismo que maneja Georgieva en el primer trimestre de 2023. Y no en el segundo semestre de este ejercicio, lo que implicaría problemas extras para el país. Esto fue lo negociado por Guzmán, y que luego fue avalado (no por escrito) por parte del staff del FMI. Es con la confianza sobre esta presunción que desde el Palacio de Hacienda se informó un déficit fiscal primario en mayo de unos $162.412 millones, impulsado por un incremento del gasto de 90%, revirtiendo además el superávit de $25.714 millones del mismo mes de 2021, período en el que operó de manera positiva en la recaudación el Aporte Solidario y Extraordinario, por unos $80.234 millones, dinero que este año no existió y que, de todas maneras, no hubiera servido para terminar los ingresos y gastos en azul.

Tiempos Batakis le transmitió a la gente de Massa, que pese al crecimiento, la proyección para 2022 aún mantiene el equilibrio con la pauta de un déficit primario final de 2,5% sobre el PBI, según lo pactado con el FMI; y que no debería haber alarmas en la relación con el organismo. Será uno de los temas en los que el ministro deberá tomar control rápidamente. No tendrá tanto tiempo de tregua. Tal como informó el este diario, el FMI le dará una tregua a Massa y su gente para que se acomoden en el cargo y diseñen la estrategia de números y porcentajes a presentar cuando llegue el momento de cruzarse con los técnicos del organismo financiero internacional. El tiempo corre. Saben las dos partes que antes que termine septiembre, deberá haber una resolución en Washington sobre el cumplimiento (o no) de las metas del primer semestre del año. Antes habrá una nueva y, como siempre, molesta misión del organismo para verificar las cuentas fiscales, monetarias y macroeconómicas del país. Y antes de esto Massa se encontrará cara a cara en Washington con los fiscalizadores del Fondo.