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Tres nuevas investigaciones podrían ayudar a curar el Parkinson

Además de responder ante un estímulo eléctrico externo (electrodo que lleva un pulso eléctrico y permite la despolarización de la neurona) y a distintos neurotransmisores, como Glutamato y GABA, sustancias que permiten la comunicación entre neuronas, en este caso, permitió concluir que las nuevas neuronas dopaminérgicas se comunican con otro tipo de neuronas (células que generan otros tipos de neurotransmisores)

En Chile hay 40 mil personas diagnosticadas con la enfermedad y está incluida en el programa del GES. Sin embargo, los medicamentos solamente ayudan a atenuar los síntomas. El Parkinson es una patología neurodegenerativa que se caracteriza por la pérdida de neuronas del cerebro en los lugares donde se genera la dopamina. Los últimos estudios con moléculas que conforman el material genético realizados por la Universidad de Alabama, la Universidad de Osaka y la Universidad de California dan un primer paso de lo que podría ser el tratamiento para esta enfermedad. Compartir Twittear Compartir Imprimir Enviar por mail Rectificar

Tal vez has visto la película “Despertares”. Este filme está basado en el libro del neurólogo Oliver Sacks que relata cómo logra devolver transitoriamente la “libertad” a sus pacientes paralizados por un parkinsonismo.

Inmóviles y ausentes durante décadas, decide tratarlos con el que fue considerado un medicamento experimental milagroso: Levodopa (L-dopa), el cual estimula la producción de dopamina en el cuerpo.

Desafortunadamente, la mayoría de los pacientes comenzaron a experimentar efectos adversos de la L-dopa meses después, como tics, movimientos involuntarios e inestabilidad emocional. Al suspender el medicamento, los pacientes regresaron a los estados en los que se encontraban antes del tratamiento.

El origen de la enfermedad en el cerebro Esta película refleja históricamente lo difícil que ha sido tratar la enfermedad de Parkinson. Ahora, ¿qué es la enfermedad de Parkinson? Es una patología neurodegenerativa caracterizada por la pérdida de neuronas en una región del cerebro llamada sustancia negra. Se encuentra ubicada en el mesencéfalo, siendo este uno de los lugares en donde se genera dopamina, neurotransmisor que permite la comunicación entre neuronas y que es necesario para modular el movimiento y el tono muscular.

Con el avance de la enfermedad, van apareciendo síntomas que no tienen relación directa con el movimiento, entre los que se incluyen la psicosis (trastorno caracterizado por la desconexión con la realidad) y la demencia (síndrome que implica el deterioro de la memoria, intelecto y comportamiento), que agravan la discapacidad del paciente.

Una característica, común en todas las personas que padecen esta enfermedad, es la presencia de una sustancia que altera el correcto funcionamiento de las neuronas y que se presenta en forma de agrupaciones de una proteína conocida como alfa-sinucleina; la acumulación de estas proteínas genera los llamados cuerpos de Lewy que se observan en el interior de las neuronas mediante técnicas de inmunotinción (tinción de la célula mediante el uso de anticuerpos marcados), este depósito genera toxicidad, provocando muerte celular.

La enfermedad de Parkinson afecta a más de 10 millones de personas en todo el mundo. En Chile, según el Minsal existen cerca de 40 mil pacientes con este diagnóstico. A su vez, esta enfermedad se encuentra incorporada en el programa de gobierno de Garantías Explícitas en Salud (GES), donde considera un conjunto de prestaciones médicas que incluye la entrega de medicamentos para tratar los síntomas de la enfermedad.

Nuevas curas posibles En los últimos años, se han desarrollado numerosos tratamientos con fármacos, cirugía y terapias génicas que mejoran sustancialmente la calidad de vida de los pacientes afectados por la enfermedad de Parkinson. Asimismo, ha habido un creciente interés en grupos de investigadores de desarrollar una posible cura para esta patología.

Dentro de las nuevas terapias génicas, se encuentran los oligonucleótidos antisentido, unas moléculas que conforman el material genético y, en esta terapia, se elaboran secuencias cortas de estas moléculas, que son utilizadas para alterar la función de la célula o impedir que esta elabore una proteína en particular.

Dado que algunas moléculas de material genético están compuestas de dos hebras que se unen una frente a la otra en sentido opuesto, en esta terapia se usan las fibras antisentido, razón por la cual se le denomina así a la terapia. Su uso ha sido autorizado por la agencia de Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA por sus siglas en inglés) y ya se ha administrado en la atrofia muscular espinal, enfermedad genética que afecta a las neuronas motoras (que transmiten las instrucciones sobre el movimiento a los músculos) de la médula espinal y en ensayos clínicos para otras condiciones neurológicas.

Por otra parte, en un trabajo publicado en 2019 y realizado por investigadores de la Universidad de Osaka, en Japón, utilizaron la misma técnica, con algunas modificaciones. En este caso, se utilizó un modelo de ratón de Parkinson que expresaba alfa-sinucleina de tipo humana. Se inyectaron los oligonucleótidos antisentido en una zona específica en el cerebro, obteniendo una reducción de un 24,5% de expresion de la proteína alfa-sinucleina. A nivel conductual, se observaron mejoras en el desempeño motor en aquellos ratones que presentaron disminución en la expresión de dicha proteína.

Un estudio más reciente, liderado por Hao Quian y su equipo de la Universidad de California, publicado en junio del año 2020 en la revista Nature, demostró en cortes de tejido neuronal de ratones y fetos humanos, que la inyección de oligonucleótidos antisentido puede generar que un tipo de células del sistema nervioso, llamadas astrocitos (células gliales), se transformen en neuronas, tanto en la sustancia negra como en otras dos zonas del cerebro.

Lo que es interesante es que, al provocar la lesión de la sustancia negra a través de métodos químicos, en un lado del cerebro de ratón, se generó la muerte de las neuronas dopaminérgicas de dicha zona, lo que se revirtió al utilizar la técnica que incorpora oligonucleótidos antisentido, pudiendo, de esta manera, generar la aparición de nuevas neuronas dopaminérgicas en el lado lesionado.

Los investigadores de este estudio concluyeron que, en un modelo de ratón de la enfermedad de Parkinson (provocada por la lesión en la sustancia negra ), se restauraron los niveles de dopamina debido a que las nuevas neuronas fueron capaces de generar el neurotransmisor a niveles similares a los de la zona no lesionada.

Además de responder ante un estímulo eléctrico externo (electrodo que lleva un pulso eléctrico y permite la despolarización de la neurona) y a distintos neurotransmisores, como Glutamato y GABA, sustancias que permiten la comunicación entre neuronas, en este caso, permitió concluir que las nuevas neuronas dopaminérgicas se comunican con otro tipo de neuronas (células que generan otros tipos de neurotransmisores).

Por último, mediante la evaluación de tres pruebas conductuales que consistieron en rotaciones y uso de sus extremidades donde compararon las respuestas motoras del lado lesionado y el no lesionado, se apreció que los déficits motores provocados por la lesión fueron corregidos, observándose resultados similares a los del lado no lesionado, es decir, estas nuevas neuronas dopaminérgicas eliminan los síntomas motores provocados por este modelo de Parkinson.

Aunque los resultados de estos tres estudios son muy prometedores, la terapia ciertamente requiere de mayor investigación, pero da luces de que a futuro se podrá lograr tratar y/o revertir la enfermedad de Parkinson, ya sea en etapas iniciales o avanzadas, teniendo el potencial de mejorar dramáticamente la calidad de vida de las personas que la padecen. Aun así, queda un largo camino que recorrer para llegar a estudios preclínicos y clínicos que permitan el uso de estas alternativas en personas que presentan la enfermedad.

Fuentes:

Artículo 2017: https://cell.com/molecular-therapy-family/nucleic-acids/retrieve/pii/S2162253117302287?_returnURL=https%3A%2F%2Flinkinghub.elsevier.com%2Fretrieve%2Fpii%2FS2162253117302287%3Fshowall%3Dtrue

Artículo 2019: https://www.nature.com/articles/s41598-019-43772-9

Artículo 2020: https://www.nature.com/articles/s41586-020-2388-4

 

*Este artículo surge del convenio con el Centro Interdisciplinario de Neurociencia de la Universidad de Valparaíso.