Política

El Kraken Digital | Charlas de quincho

Nuevos Vecinos, Madrid, España
49ers vs. Chiefs: El primero de muchos viztazos al Super Bowl LIV

– ¿Ah sí? -sigue entonces el policía- A ver, bájese del auto y demuéstremelo..

Otro comentario que ya se hizo costumbre en quinchos es sobre las dudas que no desaparecen sobre el futuro de la obra pública. La disputa entre las anteriores y actuales autoridades relacionadas con el transporte, la obra pública y Vialidad Nacional dinamitaron la paciencia de los principales contratistas y trabajadores. “Mecha corta”, como le gusta decir al piquetero papal -y aliado cristinista- Juan Grabois. Si no queda claro, ellos transforman la bronca en cifras: la capacidad paralizada es de casi el 70%, tanto en equipos como materia prima. Tras varias recorridas por obradores, aparecen algunas conclusiones unánimes en la línea de flotación. Punto 1: los datos aportados por el macrista Guillermo Dietrich no son criticados en el sector por falsos, sino por “exagerados”. Punto 2: el gobierno de Cambiemos jugó a favor de la transparencia de manera “notable” y, para evitar las sospechas de la época kirchnerista en cuanto a los anticipos financieros, los desactivó. Todo tiene su contraparte: ante el comienzo de una gestión compleja en varios tramos, períodos inflacionarios y la crisis cambiaria de 2018, decenas de trabajos ni siquiera arrancaron y el Estado miró hacia un costado. Punto 3: la furia apunta, en especial, al exjefe de Vialidad, Javier Iguacel. “Cerró un piso y puso a muchos empleados a revisar documentación de obras empujadas por el kirchnerismo. Según ellos, encontraron un 30% de sobreprecios y licitaron pliegos con precios mucho más bajos que los de mercado. Ejemplos sobran, como la Ruta 7 (Carmen de Areco-Chacabuco), la ruta 33 (Venado Tuerto) y también en el sur del país. Hasta allí, todo normal. Cuando vamos a la realidad y salimos de los fanatismos que implican los relatos de ambos bandos, vemos que algunas obras que inauguró el expresidente Mauricio Macri fueron en las rutas 5, 7 y 8, todas ellas licitadas en la época kirchnerista, mientras que muchas anunciadas por Iguacel, con bombos y platillos, nunca arrancaron. Vayan a explicar eso en la provincia de Buenos Aires, Córdoba, Chubut, donde hay obradores parados hace más de un año. El caso de la Ruta 7 es aún más irracional: más de un año y tres meses parada, no se rescindió el contrato y la falta de acción derivó en más de 10 muertes que se podrían haber evitado. “Por si no recuerdan, un caso fue el choque de la camioneta con un camión, volaron nueve cadáveres en el cruce de la 7 con la 51”, disparó un operador top del mercado, que además agregó: “Todo esto, sumado a la debacle de las obras de participación público-privadas (PPP), que ni siquiera arrancaron”. Punto 4: el Gobierno enfrenta un desorden e incertidumbre fenomenal, una estructura burocrática en Vialidad Nacional ampliada pero ahora sin funciones claras, y un fantasma de la corrupción que vuelve a acariciar pasillos y tertulias relacionadas con el sector. Punto 5: las dudas sobre Gabriel Katopodis aumentan cuando se nombra al nuevo director de vialidad, Gustavo Arrieta. “Estamos hartos de cargos para personas que no saben y no entienden absolutamente nada al segundo minuto de charla”, protestan en el sector.

Mientras en las costas esteñas hubo mucho malestar por la presencia en Punta del Este de altos dirigentes del Grupo Vicentín, que siguen sin dar respuesta sobre la ingeniería financiera con la que piensan dar respuesta a sus números acreedores que, solo entre productores agropecuarios y acopios hace dos meses están demandando por pagos incumplidos que superan los u$s500 millones (mientras que a los bancos se les debería más de u$s700 millones), también del lado argentino continúa el malhumor creciente entre la gente de campo con asambleas que se continúan y que logran cada vez mayor participación. Así, al encuentro de Villaguay del sábado anterior, le siguió la reunión de Pergamino de este fin de semana, en ambos casos, con varios centenares de asistentes y un elemento en común: el mantenimiento del estado de alerta y movilización, y el rechazo -de plano- al aumento de la presión fiscal, incluyendo a las retenciones. El manifiesto de Pergamino agrega, además, un pedido directo de cese de comercialización, y la definición del plazo hasta el 31 de enero próximo para recibir una definición del Gobierno al respecto. Estas, sin embargo, no llegarían con lo que el clima se seguirá enrareciendo, sin que el diálogo mejore ya que los funcionarios que teóricamente entienden los problemas no tienen ningún peso político dentro del mismo Gabinete como para dar ninguna clase de respuesta( caso Luis Basterra, de Agricultura), y los que sí “pesan” a la hora de las decisiones, como Matías Kulfas (Producción), o Martín Guzmán (Economía), no solo no parecen conocer la problemática micro de estos sectores, sino que no tienen casi diálogo con el campo, ni con los funcionarios de las áreas específicas. “Guzmán no entiende de lo que le habla Basterra. Tenemos un problema ahí y estamos intentando conseguir un intermediario para que traduzca las inquietudes”, reconocen en los pasillos del Ministerio de Economía. No es la única diferencia en el seno del novel Gabinete, donde tampoco pasó desapercibido al rápido ascenso que está registrando Gustavo Béliz como secretario de Asuntos Estratégicos de la Presidencia, en detrimento del jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, seguramente por la mayor experiencia del primero en la función pública. Tampoco parece salvarse el hasta ahora empoderado ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo a quien no pocos le auguran un pronto desgaste, incluso con la nueva tarjeta alimentaria que estaría “resucitando” técnicas y controvertidos empresarios-proveedores de la época de Guillermo Moreno como secretario de Comercio, y cuyas secuelas aún se sufren, como ocurrió con el siempre sensible sector de la carne, especialmente vacuna, que se teme se pueda volver a repetir ahora.

Vamos a terminar con un chiste de tránsito.

En una ruta, un policía le hace señas a un conductor para que se detenga. El hombre estaciona su auto en la banquina y el policía le echa una ojeada a su interior. Allí ve muchos fósforos desparramados y varios frascos de bencina que le resultan sospechosos.

– ¿Qué es esto?- pregunta el oficial.

Soy malabarista y trabajo con fuego -le responde el conductor-, y utilizo eso en mis shows.

– ¿Ah sí? -sigue entonces el policía- A ver, bájese del auto y demuéstremelo…

El hombre, sin inmutarse, desciende del coche, toma un par de antorchas, las enciende, y comienza a hacer espectaculares malabarismos con ellas. En ese momento pasa otro auto a su lado, y el hombre que maneja le dice a su mujer:

Menos mal que dejé de tomar. Mirá las pruebas que piden ahora en la prueba de alcoholemia.